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Las emociones de nuestros clientes

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    Luego de un poco más de 10 años de profesión de abogado todavía no logro manejar mis reacciones respecto a las emociones de mis clientes.

    Es muy
    difícil
    lograr el
    equilibrio entre la
    compasión por
    los sentimientos de
    nuestros clientes y el
    consejo objetivo
    Es muy difícil lograr el equilibrio entre la compasión por los sentimientos de nuestros clientes y el consejo objetivo, frío, cuando ello es necesario.

    Nos pasa a muchos profesionales con nuestros clientes. Esto lo he conversado en numerosas oportunidades con contadores, economistas y hasta ingenieros agrónomos. Llega un punto en la relación profesional donde la línea divisoria entre el consejo que nosotros brindamos desde nuestro lugar y la conversación que el cliente demanda exige muchísimas habilidades para la que la universidad no nos prepara. Debemos ser consejeros legales, económicos o hasta políticos (quién no ha recibido alguna vez la pregunta: Y, decime… como ves la situación?) pero también deberíamos ser amigos, colegas y  psicólogos.

    Como cualquier abogado que trabaja en forma independiente o en estudios chicos, mi experiencia profesional es muy amplia y he tenido ocasión de enfrentarme a temas de derecho de familia muy complicados (mis amigos cercanos que lean esto se acordarán de una anécdota que en un divorcio de gente de mucho dinero hubo veinte juicios relacionados con el tema) o de reestructuraciones de empresa donde los dueños lloraban como chicos cada vez que una entidad financiera les enviaba una carta documento y en todos esos casos las emociones de las personas y como las manejamos juega un rol muy importante en nuestra relación profesional.

    Sobre todo, y particularmente en la profesión de abogado, donde la relación con el cliente siempre es muy particular y en muchos casos los clientes son muy ingratos ya que si ganas el juicio es porque ellos tenían razón y si lo perdés es porque sos un mal abogado. Esto, aún hoy, me cuesta digerirlo y generalmente trato de desvincularme rápido de los clientes que tienen este tipo de reacciones.

    Por ello, y pensando que a Uds. les puede servir, quisiera compartir unas breves reflexiones relacionado con esto.

    Empatías y simpatías

    Esto que les voy a contar lo aprendí en una mediación muy larga y complicada donde el mediador tenía el buen tino de acompañarse por un psicólogo y este nos enseñó a las partes y, sobre todo a los abogados, las diferencias entre empatías y simpatías y lo hizo a través de una anéctoda.

    El tema de las diferencias sería así: Dos personas caminan por una calle y observan una persona que se cayó al río y está gritando por ayuda. La persona que tiene empatía por el que se está ahogando correrá y buscará una soga, un salvavidas, le tirará estos para que flote, llamará a la policía, bomberos y ambulancia y lo ayudará en lo más que pueda. La otra persona, que tiene simpatía por el que se está ahogando, se tira al río con él y juntos gritan por ayuda.

    No saben este ejemplo como me sirvió para entender nuestro rol profesional y sus límites.

    Tener empatía por nuestros clientes nos sirve para comprender sus emociones y, eventualmente, actuar en función de ello. La simpatía es muy mal consejera ya que hace que confundamos las emociones de ellos con las nuestras.

    Saber manejar esto y reconocer que uno tiene que tener empatía y no simpatía nos hace mejor profesionales.

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  1. #1 rosa rovere
    September 22nd, 2008 at 8:20 pm

    Federico me encanto lo que escribiste sobre “L as emociones y nuestros clientes” Es fundamental tener estos dos conceptos bien claros. Realmente esto le va a servir a más de un profesional aunque no sea colega tuyo. Felicitaciones!!!!!!!

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  2. #2 rosa rovere
    September 22nd, 2008 at 8:30 pm

    El video de esta semana buenísimo. Voy a aclarar a los lectores del Blog que no te conozco para nada pues a veces mis comentarios son muy parecidos a los que les hago a gente querida por mi. A veces releo y los mismos y lo veo reflejado, pero sin dudas tenemos mucha afinidad en los gustos y maneras de pensar en cuanto a lo profesional, y acá hay una gran diferencia generacional, sin embargo, siempre que entro en el blog me sorprendo, como lo hacen mis hijos en sus profesiones.

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